Como vimos en entradas anteriores, solo tres tipos de rosas existieron en tiempos de griegos, romanos, egipcios y persas: los rosales alba, gallica y damascenos. Ya vimos cómo las civilizaciones antiguas recolectaban sus pétalos para fiestas y rituales, fascinadas por su perfume.
Si tuviéramos que elegir un lugar y un momento para los rosales gallica, ese sería Francia, desde el siglo XII hasta el XIX. El propio nombre "gallica" significa literalmente "de la Galia". Durante esos siglos alcanzaron su máximo esplendor, valorados por su simbolismo, su belleza en jardines y, sobre todo, por ese rojo tan codiciado. No en vano se les llamó "Rosa Roja de Lancaster", "Rose de Provins" o incluso "Red Damask" (aunque no sean damascenas ni, estrictamente, rojas puras).
Entre el final del Imperio romano y la Edad Media, ¿qué fue de ellas? Hay quien dice que viajaron al Imperio bizantino y regresaron con las Cruzadas, como ocurrió con las damascenas. Es una historia bonita, pero la teoría más aceptada hoy entre los historiadores de la rosa (François Joyaux, Peter Beales, etc.) es que la Rosa gallica nunca desapareció de Europa occidental. Ya Plinio el Viejo y Dioscórides la mencionan en el siglo I como planta nativa de la Galia y los Balcanes. Los monjes benedictinos y cistercienses la cultivaron sin interrupción en los "hortus medicus" de sus abadías. Hay documentos carolingios (siglo IX) que hablan de "rosae rubrae" en los jardines monásticos del norte de Francia y Renania. Así que las Cruzadas pudieron traer damascenas, pero las gallica ya estaban aquí desde siempre.
Y es que, en la Edad Media, estas rosas se volvieron profundamente cristianas. Se les atribuyeron usos medicinales y, poco a poco, un potente simbolismo que aún perdura: la rosa roja pasó a representar la pasión, tanto la amorosa como la religiosa. Poemas, cuentos y leyendas medievales están llenos de rosas; cualquier historia de enamorados o de martirio las incluía. La Iglesia las adoptó con entusiasmo: aparecen en vidrieras, altares, rosarios y hasta en relatos de milagros.
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| 'Virgen del rosal' de Martin Schongauer, 1473. |
Vamos a ver ahora unos ejemplos de rosas gallica y empezamos con la rosa más popular de ese periodo.
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| Rosa gallica officinallis |
Empezamos por la más famosa de la época: la 'Apothecary’s Rose' o Rosa gallica officinalis. Su nombre lo dice todo: era la rosa medicinal por excelencia, vendida en los apothecaries (las farmacias medievales). Llegó a ser el emblema oficial de los boticarios. En el siglo XVI, en la ciudad de Provins, cuentan que era imposible andar diez pasos sin ver una ‘Officinalis’ plantada a la puerta de un boticario. En Provins (Île-de-France) se convirtió en un auténtico producto comercial entre los siglos XIII y XVII. La ciudad organizaba la "Foire de la Rose" y exportaba pétalos confitados, conservas y aceite de rosa hasta Inglaterra y Flandes. Todavía hoy existe la 'Confrérie de la Rose de Provins' y siguen haciendo la misma conserva medieval (pétalos cocidos lentamente en azúcar). La rosa que crece en los muros de la ciudadela alta es efectivamente la auténtica Gallica officinalis.
A simple vista no es la más refinada: flor semidoble, algo desordenada, de un rojo-carmín intenso. Pero es la madre de casi todas las gallica que conocemos.
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| Rosa gallica versicolor |
Un paso más allá está su famosa mutación natural: Rosa gallica 'versicolor', más conocida como 'Rosa Mundi'. Hacia 1170 aparece la leyenda de Fair Rosamund (Rosamund Clifford), la bella amante de Enrique II de Inglaterra. Tan hermosa era que la llamaban "Rosa del Mundo". Leonor de Aquitania, celosa, la encontró en el laberinto de Woodstock (siguiendo el truco del hilo, como Teseo) y le ofreció morir por cuchillo o por veneno. Rosamund eligió el veneno, preparado —dicen— con aceite de ‘Officinalis’. Cuenta la leyenda que, al día siguiente, una rama de la rosa del jardín mutó y dio las flores rayadas que hoy conocemos como 'Rosa Mundi'. Otra versión asegura que los campesinos cubrieron su tumba con estas rosas variegadas.
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| Josefina de Francia |
Damos un salto en el tiempo hasta la emperatriz Josefina de Francia. Alrededor de 1804, ya separada de Napoleón, compró el Château de Malmaison y creó el jardín de rosas más importante de la historia hasta ese momento: más de 250 variedades, de las cuales más de la mitad eran gallica. Contrató jardineros ingleses, al gran pintor Pierre-Joseph Redouté para inmortalizarlas y a botánicos para catalogarlas. En Malmaison se empezaron a hacer los primeros cruces intencionados y científicos de rosas. Fue la edad dorada de las gallica… y también el principio de su declive, porque al cruzarse con todo lo nuevo que iba llegando, poco a poco fueron quedando en segundo plano.
El catálogo final de las rosas de Malmaison (publicado póstumamente por Aimé Bonpland en 1829) lista exactamente 152 gallicas diferentes. Es una locura pensar que en 15 años pasaron de unas pocas docenas conocidas en toda Europa a más de 150 cultivares. Muchos de ellos se perdieron tras la muerte de Josefina (1814) y las guerras napoleónicas, pero gracias a las láminas de Redouté podemos identificar hoy unos 80-90 que aún sobreviven en colecciones.
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| 'Charles de Mills' |
El primero es 'Charles de Mills', que como podéis ver tiene una tonelada de pétalos y ni siquiera se puede ver el centro de la flor. Es de color rosa intenso o magenta, que vira a malva o púrpura a medida que la rosa envejece.
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| 'Tricolore de Flandre' |
El segundo es 'Tricolore de Flandre'. Es bastante parecido al 'Rosa Mundi' que vimos antes, solo que este tiene un crecimiento más ordenado y muchos más pétalos.
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| 'Alain Blanchard' |
El siguiente es 'Alain Blanchard', de flor simple, pero los pétalos están salpicados de carmín como si los hubieran pintado a pincel.
Los dos últimos que vamos a ver son rosales Portland, descendientes del cruce de 'Autumn Damask' con un rosal gallica. Uno es 'Duchesse de Montebello' y el otro es 'Cardinal de Richelieu'.
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| 'Duchesse de Montebello' con un rosa palo suave. |
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| 'Cardinal de Richelieu' de tono púrpura más profundo |
En el jardín, las gallica son arbustos bajos de 90cm a 1,20m; rara vez emiten chupones, florecen solo una vez al año (pero ¡qué floración!) y su perfume, aunque delicioso y clásico de rosa antigua, no alcanza la potencia de las damascenas. Hoy, afortunadamente, están viviendo un renacimiento brutal entre los amantes de rosas antiguas, precisamente por su historia, su perfume y su resistencia brutal (muchas gallicas sobreviven abandonadas en cementerios y ruinas de castillos desde hace siglos).
Con las gallica cerramos el trío de rosas "históricas" o "botánicas" (alba, gallica y damascena). De ellas nacieron las centifolias y, poco después, llegaron las rosas chinas que lo cambiaron todo: nuevos colores, porte diferente y, sobre todo, la capacidad de florecer varias veces al año. Pero eso… lo contamos en la próxima entrada.










La belleza de las rosas antiguas no se puede negar y conocer su historia hace que se valoren aún más.
ResponderEliminarEstaba yo mirando la imagen del cuadro de La Virgen del Rosal, y es que me sonaba el nombre pero no la imagen y el pintor, y claro... Buscando con el mismo nombre me encuentro con el que sí había visto de Botticelli en la Galería de los Uffizi en Florencia.
De los ejemplos que nos presentas me ha encantado "Duchesse de Montebello" aunque sea un híbrido de gallica.
Es muy bonito 'Duchesse' y me gustaría comprarlo dentro de un tiempo cuando consiga algo de sitio para tenerlo. Hay verdaderas joyitas de rosales que pasan desapercibidos hoy en día y todavía resultan variedades muy buenas.
EliminarVoy a buscar el cuadro de Botticelli para ver cuál es.